Antonio Rivero Taravillo en la costa de Santiniebla
(in memoriam)

'En la Costa de Santiniebla' es una narración que Luis Cernuda escribió y publicó en 1937 (en la revista "Hora de España", en Valencia, encabezada por la viñeta de Ramón Gaya que se muestra en la imagen superior). El relato, en primera persona, sucede en un pueblo costero del Cantábrico: "Santiniebla está caído como un pájaro enfermo sobre una oscura colina que avanza hacia el mar. La ría plomiza contiene su empuje y lo liga a la tierra" … "Frente a Santiniebla, a través de la ría, aparece Galicia, como tierra vecina y extraña". Santiniebla es Castropol (Asturias), donde Luis Cernuda pasó unos días en el verano de 1935 en el transcurso de las campañas itinerantes de las Misiones Pedagógicas.

En Castropol guardan orgullosos la memoria de las visitas de Federico García Lorca con La Barraca en 1932 y de Luis Cernuda con las Misiones Pedagógicas en 1935; de ésta ofrecen desde 2010 una Ruta Literaria que recorre todos los puntos de interés de la villa vinculados a la estancia y a la narración de Cernuda (iniciativa de la ejemplar Biblioteca Municipal Menéndez Pelayo, heredera de la histórica Biblioteca Popular Circulante).

Antonio había visitado prácticamente todos los lugares por los que discurrió la vida de Luis Cernuda en dos continentes, pero nunca había estado en Castropol / Santiniebla. Hasta el otoño de 2017 en que, al cumplirse 80 años de la publicación de la narración de Cernuda, el Ayuntamiento de Castropol (y promovido por el Foro Comunicación y Escuela, de Vegadeo), organizó un homenaje conmemorativo con un programa de actos y actividades entre los que destacaban: la edición exenta de 'En la costa de Santiniebla' y el descubrimiento de un monolito con placa justo delante del que fue el alojamiento de Cernuda en esos días de 1935, frente a la playa de La Fuente donde está tomada la única foto que Cernuda conservó de su estancia en Castropol. Y allá fuimos invitados los días 6 y 7 de octubre.

Habían pedido a Antonio que prologara la edición de la narración. Para el texto que escribió eligió un título, 'Spleen de Castropol', que, pareciendo casi un pie de imagen para la foto de 1935, alude a esa languidez o “acedía” que el propio Cernuda consideraba uno de los rasgos de su personalidad en ciertos periodos de su vida, y que también caracteriza al protagonista de la narración. El texto íntegro puede verse en el antiguo blog de Antonio "Fuego con Nieve", entrada del 8/10/2017. El libro publicado era/es una preciosa edición no-venal con evocadoras ilustraciones por Lulas Somoza.

Antonio viajó en avión y, al aterrizar en el aeropuerto de Asturias, (copio sus palabras de entonces) "había niebla, llovía y, como adaptación al medio, al relato y a la experiencia vital de Cernuda, este tiempo un tanto desabrido me ayudó a ver mejor esa depresión y esa tristeza que impregnan el relato". Tal anticipación sombría se disipó, afortunadamente para todos, porque en Castropol y Vegadeo nos hizo un tiempo espectacular; tanto que alguien llegó a preguntarse si "con un tiempo tan espléndido tal vez Cernuda no habría escrito su relato ambientado en Castropol" (comentario que reprodujo la prensa local en uno de los reportajes que dedicaron a las jornadas).

Los dos días dieron para mucho: además de los actos del programa oficial, tuvimos encuentros participativos con escolares y clubes de lectura, y pudimos ver los interesantes fondos que conserva la Biblioteca Municipal Menéndez Pelayo (de esta visita procede la foto de Antonio que figura al principio). Pero sobre todo tuvimos el placer de conocer a excelentes personas que nos brindaron una hospitalidad inolvidable y compartieron muy agradables ratos con nosotros.

Y una sorpresa que no nos podríamos haber figurado. Estábamos haciendo un recorrido previo de la Ruta Cernuda con nuestros anfitriones y de pronto (si no recuerdo mal era en la calle del Pozo, que es una cuesta que baja al muelle), los tres que íbamos de Sevilla de golpe exclamamos al unísono "Mira: un magnolio". Allí estaba, tras una tapia, un vínculo insospechado entre una casona (¿de un indiano?) a orillas del Cantábrico y otra casa en el barrio de Santa Cruz en Sevilla (luego nos dijeron que había más magnolios en Castropol, ¿los vería Cernuda?) Al día siguiente, en el acto formal de presentación del homenaje y del libro, una guirnalda de hojas con una hermosa flor del magnolio adornaban el proscenio del antiguo casino y teatro que ahora alberga la Casa de Cultura de Castropol. Y Antonio recitó de memoria el poema 'Primavera vieja':

"Ahora, al poniente morado de la tarde, / En flor ya los magnolios mojados de rocío, / Pasar aquellas calles, mientras crece / La luna por el aire, será soñar despierto" … "En el rincón de algún compás, a solas / Con la frente en la mano, un fantasma / Que vuelve, llorarías pensando / Cuán bella fue la vida y cuán inútil."

Al rememorar hoy al amigo en el aniversario de su injusta muerte, el recuerdo de esos días juntos en Castropol, rodeados de afecto, se me hace inevitable: porque está fatalmente ligado al recuerdo del que sería el último evento público para una persona única que, semanas después, quedaría atrapada en ese mismo pozo del que, ¡mierda!, tampoco lograría salir Antonio.

Ángel Yanguas

19/9/2026




#LuisCernuda
#AntonioRiveroTaravillo
#Santiniebla
#Castropol



Comentarios

Entradas populares de este blog